Un viejo dilema, tan antiguo
Como el sabio tiempo,
Sacude una y mil veces,
Con fatal puntualidad,
A la Dama de Fuego.
¡Tanta veces ha ocurrido!
Y, sin embargo, al igual
Que el mito del Fénix,
El poder de la elección
Se renueva con vigor.

¿Esperar, serena y distante,
La visita de la muerte;
Y resucitar como siempre
Y no como antes?
¿Saltar la aurora de los días,
Las sombras de las noches;
Y que su ánima se extinga
En violenta llamarada?
La duda no es útil compañera,
Pero sí sapiente porque espera...

Son las secas cenizas 
Cuna eterna de la vida
Y lecho amante de la muerte.
Mudas palabras que no
Se expresan, latentes,
Y a la espera que una voz
Las pronuncie en vida
Y las acalle en muerte.
Sin pedir excusas;
Sin pedir perdón.
...........
...........
Sólo tu voz es mi remanso.
Bálsamo que alienta
Mi eterno y fatal dilema.
A través del tiempo
Has sido mi fiel compañero...
Y tú... ¡Sin saberlo!
Si enmudece tu boca
No habrá dilema alguno,
Y perdería en un instante
La razón de mi existencia.

¡Háblame!, que el silencio
Amenaza mi fémina esencia
Con su arcano hechizo. 
Solo tú, mi amado poeta
Acompaña mis días y noches 
Con las notas de tus versos.
Las demás melodías se acallaron 
Fomentando mi silencio
Ante una búsqueda sin fin
Siquiera, del eco de La Voz.

¡Mírame! Aunque no me veas
Mi aliento te envuelve
Y tus átomos giran en hélice
De encuentro amoroso
Salvando infinitas distancias.
Tu boca besa labios invisibles...
¡Son los míos, mi último amante!
Ciegas tus ojos a un horizonte...
¡Son mis pupilas las que alumbran
Tu errante y solitaria vida!

Soy tu musa inspiradora
Y tú eres mi amado poeta.
El último que en la tierra,
Después de otros tantos, queda.
Cuando nazca tu último verso
Será también mi último dilema
Y en una muy lejana estrella,
Dormiré en un limbo sin tiempo
Esperando del barro naciente
La estampa del nuevo Adán.



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